UN DÍA DE SOLEDAD
Me he levantado a las siete veintitrés como todos los días. He preparado mis cosas del gimnasio y he desayunado como siempre una pequeña tostada de pan con mantequilla y mermelada sin azúcar.
Corriendo, ya son las ocho, hemos bajado mi mujer, mi hijo y yo a toda prisa en el ascensor hacia el garaje a por el coche para llegar a tiempo al colegio. En la calle aún más prisas. La gente con la que nos cruzamos, con cara somnolienta nos mira como zombis con ojos relucientes.
Hoy es el último día de clase de mi hijo y aun así corremos.
Veo a tantos seres como nosotros en los coches, arrastrando sus inquietudes y sus problemas sin decir nada a nadie de los que con ellos cabalgan hacia el comienzo de la jornada, en silencio esperando la apertura del semáforo.
Arrancamos. Llegamos a tiempo al cole. Adiós, le decimos al niño.
Unos minutos después llegamos al gimnasio. Durante una hora sudamos en silencio y solos entre la multitud de personas que allí están, y eso que en esta época del mes de junio viene menos gente.
Tras la refrescante ducha vamos a trabajar. Mi mujer a su oficina, justo al lado de mi estudio, solo separada por una pared entre ambos espacios.
Tantos cuadros colgados, tantos sueños colgados, tantos ratos de silencio en cada espacio colgado, tanta vaciedad de mi alma...entro... el olor a trementina me anima... Esa boca de lobo que me engulle cada día y que me ayuda a ser mejor pincelada a pincelada... El caballete principal en el que guardo mi futura obra maestra semi -acabada me recibe sin luz... Poco a poco la luz interior me obliga a sentarme. Recapacito. Soñar. ¿Soñar?... ¿de que sirve soñar? ¿Cuántos sueños me han costado estos espacios que me rodean? . Sueño. Y trabajo un poco. No se por qué comienza a pesarme una especie de nudo en la boca de mi estómago. Creo que debe ser tanta pastilla que me tomo cada día la que me hace sentirme así, tan atrancado, tan imposible de tragar ni una cosa más.
Mis sueños y mis pinceles, con Peter Gabriel y su voz particular, me llevan hasta las dos de la tarde.
Otra vez a correr. Sale mi hijo a las dos y diez. Una pequeña bronca de su parte, recibimos por llegar un poco tarde y con este calor.
Ya en casa preparo la comida. Ella me ayuda. El niño se atiborra de aperitivos. Comemos viendo la tele. Los Simpson nos hacen sonreír. Homer es mi ídolo.
El sofá, también. Termina el telediario.
- ¿Pero tú de que vas? Pregunta el individuo que se parece a mí, aunque un poco distorsionado, como si lo hubieran retocado con el "gumifier" de mi IPad.
-¿Como que de que voy? Respondo yo tumbado en el sofá.
-Tú eres de los nuestros, no eres de los de ellos, tú eres soledad, tú eres del planeta soledad , ¿es que no lo sabes?.
De repente se aproxima a mi, el tipo distorsionado, y comienza a comerme empezando por un brazo y siguiendo por mi cara...
-¡Despierta, que ya es la hora de marcharnos! .Miro hacia arriba y veo a mi mujer que me habla susurrando suavemente.
Tomamos cada uno nuestro coche, ella el suyo, yo el mío. Nuestros horarios de regreso no coinciden y yo tengo que ir a comprar a Carrefur (si así se dice en español, así se debe escribir) al terminar mi última clase de este curso a las 7,30 de la tarde.
De repente rompo a llorar al parar en un semáforo. Nadie me ve. Miro a la derecha, miro a la izquierda. Aquél con gafas parecidas a las mías habla por el teléfono móvil, mientras espera a que se ponga verde la luz y se ríe a carcajadas. La otra de la izquierda es una señora de mi edad (de mi edad, pienso, y ¿cual es mi edad? Ya casi rozo los sesenta y hace dos días era un niño,) que lleva a tres niños de distintas edades, todos ellos con caras serias y dos de ellos jugando con una consola portátil. A los de atrás y a los de delante no puedo verlos, pero si veo la calva del que lleva un BMW delante de mi. Nadie me tiene en cuenta. Soy simplemente un coche más, parado junto a los otros coches (los coches no sienten, los coches no piensan). Mis gafas me impiden poder secarme las lágrimas y caen golpeando mi pecho. Sigue mi coche por mí conducido, el camino que sabe de memoria.
El calor me recibe con un pequeño golpe al entrar de nuevo en mi estudio. Me siento. Ya tengo comido un brazo y un pequeño trozo de la cara. Me levanto y voy hacia el espejo. En el lugar que ocupaba el brazo, cuelga un guiñapo de carne sanguinolenta y un trozo de manga de mi camisa preferida, la de cuadritos, y en el lugar en donde antes tenía el carrillo derecho, hay una hendidura roja que postula sangre casi negra.
¿Como voy a hacer para dar la última clase? Pienso, ¿en este estado en que me encuentro?.
Aparecen solo tres de los ocho alumnos que deberían haber venido hoy. Los saludo. Me saludan. La clase funciona.
Nadie se ha fijado en que me faltaba un brazo y un trozo de la cara.
Termino la clase.
-Adiós. Que tengáis buen verano, les digo a los tres.
Cierro la puerta. Recojo las cosas. Vuelvo a mirarme al espejo. El desgarro del brazo se ha secado, sin embargo la cara aún supura. No siento dolor. Solo el nudo del estómago me aprieta cada vez más y no puedo tragar ni siquiera la saliva. Creo que me voy a ahogar. Apenas puedo respirar.
Vuelvo a conducir mi coche hasta el Carrefur. Allí, como siempre, esta lleno de gente. Gente que pasa a mi lado, que aparca a mi lado, que mete la moneda para llevarse el carro antes que yo, que me empujan en los pasillos, que me impiden pasar con el carro, gente , mucha gente... Y nadie se ha fijado en mi cara, en mi brazo... En mi persona...todos van a lo suyo, todos piensan en lo suyo.
Llego a casa e intento subir las cosas pero no puedo con un solo brazo. Llamo a mi hijo y él baja a ayudarme y me transporta la compra hasta casa sin problemas.
La cena está hecha, y cenamos. Yo con un solo brazo no puedo cortar la comida y le pido a mi mujer que lo haga por mi. Me dice que ya soy mayorcito para hacerlo y que lo haga solo. Corto las cosas con el tenedor. Al parecer, tampoco ellos se han dado cuenta de mi problema.
El niño se va a la cama. Ella, ve la televisión. Yo me voy al baño a mirarme las heridas. Aún supura un poco la herida de la cara, pero ha secado algo más. El brazo sigue como antes. El dolor no existe. El tapón del estómago es cada vez más grande.
Al cabo de un rato, ella se va también a la cama. Yo sigo en el baño y de repente me doy cuenta de mi gran problema. Nadie se ha fijado, ni siquiera ellos de mi gran problema. ¿Que voy a hacer sin un brazo y sin una parte de la cara? Vuelvo a llorar sin saber por qué...pero el nudo no se va...vuelvo a mirar al espejo... Veo mi mutilación... ¿Como es posible que ni siquiera ellos , mis seres más queridos, no hayan visto mi problema? Lloro y lloro sin cesar. El tapón no se destapa.
Un rato después me voy a la cama. No puedo dormir. El tapón me ahoga y no puedo llorar para no despertar a mi mujer .Intento relajarme. Intento dormir. No me molesta en absoluto el No-brazo, ni la No-trozo de cara, no me duele, aunque si bien es cierto los hecho de menos, pero no puedo dormir porque me ahogo.
-¿Pero tú de que vas?, me vuelve a preguntar el "gumifier" que se parece a mi acercándose peligrosamente.
Entonces me doy cuenta de que ese personaje se parece enormemente a la deformación que he enviado a mis alumnos el otro día de una foto mía en la que retoqué con "gumifier" (que es una aplicación para deformar las fotos que tiene mi iPad) mi retrato, alargando la boca, y retorciendo la nariz. Era, por tanto ese otro yo, grotesco y en plan de coña que a mi me gusta crear para las bromas. Era, por consiguiente una broma mía, una broma que yo mismo había creado y que se enfrentaba a su propio creador que no era otro que yo mismo... No puede ser... Imposible.
Estaba a unos centímetros de mi maltrecha cara.
-No me comas más- le dije. -la gente se va a dar cuenta de los trozos que me faltan en cualquier momento.
-Ja, ja ja ja ja... Repitió una y otra vez. ... Ja ja ja. ...
-Tú no existes. ¿No te has enterado? No existes. Para nadie existes. Solo eres tú. Nadie. Tú eres de soledad.
Soledad, piensan Los humanos, no existe. Ellos van cada uno a lo suyo, cada cual a su vida, cada cual a su problema.
Viven solo para ellos. Algunos, los más afortunados pueden pensar, pero aun así, son solo su mundo. Cada cual es su mundo. Y su mundo da vueltas a su alrededor. Nadie ve al otro. Solo convive con otro cuando necesita algo de él. Solo algunos como tú saben que son de "soledad", aunque otros como tú no saben nada. Soledad es un lugar en donde solo tú te encuentras y no podrás salir... Ese nudo de tu estómago te va a atar a nosotros de por vida...
Luego me volvió a comer el otro brazo, la pierna, la otra pierna, los pulmones, el estómago... Pero se olvido de comerse el nudo que se quedó flotando por la habitación... Luego llegó al corazón...
Eran las tres y media de la mañana... Me desperté de repente. Mi mujer dormía a mi lado. Todo estaba bien... Todo estaba bien...
Aquella cosa que se parecía a mi, sonreía aún a mi lado, junto a mi, en mi cama, sobre mi... Sobre mi. Siempre despierta... Siempre despierta... Siempre despierta...
Lo escribió Daniel Martín CEA. Estando solo en el planeta.
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